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Hijos de Sedna

Lunes, agosto 29, 2016

Comienza una nueva temporada en este, su blog amigo, que se resiste a desaparecer así sin más. Ya habrá tiempo de detallar otras actividades de su querido doctor, porque hoy vengo a hablarles con brevedad del nuevo número de Prosa Inmortal, van cinco ya, que además tiene el atractivo de haber unido fuerzas con los amigos y aliados de la editorial Episkaia. Así que el triunvirato inmortal formado por Elisabeth Falomir, Francisco Serrano y John Tones, se ha amalgamado amigablemente con el dúo episkaico de Antonio Castaño y Clara Morales para traernos una incursión en la ciencia ficción que no tiene paralelo en la literatura española.

Hijos de Sedna es un proyecto ambicioso que relata en forma de crónica heteróclita y cubista los primeros cien años de la colonización del planeta Sedna por los humanos, que huyendo de un planeta esquilmado y agonizante, han vaciado un asteroide para convertirlo en una nave estelar en la que los colonos criogenizados cruzarán el cosmos hasta llegar a su destino. Una vez allí el desafío no ha hecho nada más que comenzar. Terraformar o reformarse, esa es la cuestion por ejemplo que nos plantea John Tones en su estupendo relato “El problema de la respiración”, con sus ecos lovecraftianos marca de la casa. La causa colonizadora recibirá un empuje con la muerte de la intrépida piloto Deandra Alwanih, que relata Francisco Serrano en “Piloto”, uno de los varios insertos que van uniendo las distintas épocas de Sedna, todos ellos acadabrantes. La leyenda resultará que tiene su trampa, como narra Carlos Pérez en “Una muerte en nueva Ginebra”; Pérez va creciendo con cada relato que escribe y es un gusto ver que continúa por esa senda.

Pero no todo son acercamientos más o menos cercanos a la ciencia ficción convencional. Elisa Victoria esboza una postal intimista de la colonización en “Pinga y los chachorros”. Susana Arroyo elabora un falso (aunque podría no serlo) informe técnico sobre la evolución lingüistica en Sedna. Y Leela Wadee, después de su fabulosa aportación al número 4 de Prosa Inmortal (dedicado a los “Erotismos desviados“) vuelve a maravillarnos en “Nuestra señora delos tumores” con su estilo e imágenes en el que probablemente sea el mejor relato de la colección.

Y digo probablemente porque servidora también ha contribuído con uno, “Superstición en la Nueva Sedna”, la crónica gonzo de un periodista aficionado a los parches neuronales que viaja por el planeta documentando el auge de cultos religiosos y supersticiones que se ha producido tras la imposición de un gobierno autoritario global, algo similar a lo que sucedió durante los últimos años de la Rusia zarista y durante el nazismo, como documentó Willy Ley en su célebre “Pseudoscience in Naziland”.

Como digo, no creo que haya en el convencional y aburrido panorama de la ciencia ficción española un objeto tan bello y rebelde como Hijos de Sedna.

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