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Bestiario (II): Leucrócotas

Jueves, noviembre 17, 2016

Continuamos esta serie que pretende convertir este blog en una wunderkammer, en un muestrario de monstruos, portentos y seres mitológicos.

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Una de las obsesiones de la mitología y las leyendas populares es la de la monstruosidad que emerge de la hibridación. Si la fornicación ya es un mal en sí, lo es mucho más cuando se practica con miembros de otras etnias o razas. El resultado -nos sugiere la sabiduría ancestral- suele ser monstruoso. Por eso mucho de las criaturas mitológicas más terribles nacían de la union contra natura de seres ya de por sí desagradables. Así por ejemplo, de la cópula entre Equidna -el ser mitad mujer, mitad serpiente- y Tifón -el engendro alado hijo de Hera- surgieron bestias como la Hidra de Lerna y el León de Nemea,  a los que Hércules hubo de asesinar como parte de sus trabajos, la Esfinge, la Quimera, el Cerbero o el Dragón de la Cólquide, aquel que Jasón hubo de matar para obtener el vellocino de oro.

Las leucrócotas son el resultado de la union entre un león y una crócota, animal mítico mezcla de perro y lobo. Dotado de unos dientes y garras fortísimas, la leucrócota poseía ademas una desasosegadora capacidad para imitar la voz humana que utilizaba para atraer a sus víctimas, por lo general pobres pastores, a las que después devoraban de modo similar al que empleaban las sirenas con los marineros incautos. Las leucrócotas tienen el tamaño de asnos y las piernas de un reno y han heredado la cola y un fuerte cuello de su progenitor león. Además de una voz casi humana, se decía que también poseían el poder de hipnotizar a sus víctimas y una boca tan ancha como su rostro y cuyas comisuras llegaban hasta sus orejas. Su sonrisa no desvelaba filas de dientes sino un espectáculo aún más pavoroso: un hueso en forma de cuchilla afilada ubicado entre sus dos mandíbulas desprovistas de encías.

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Según historiadores clásicos como Plinio el Viejo, Focio o Estrabón, la leucrócota y sus antecesoras las crócotas habitaban en la India o en Etiopia, en eso no se ponen muy de acuerdo. Plinio parecía inclinado a pensar que la crócota tenía algún parentesco con la hiena y que, como ella, era bisexual y cambiaba de sexo en años alternos. De hecho, es muy probable que viajeros y comerciates interpretaran como voces humanas las célebres risas de las hienas que encontraron en el curso de sus exploraciones. De la confusión o de la sorpresa nació la leyenda de la leucrócota engañadora. La mitología contaminó a la realidad y así el nombre científico de la hiena manchada es Crocuta crocuta. Se sabe que el emperador romano Antonino Pío fue presentado con una de estas criaturas durante las celebraciones de su décimo año de gobierno (148 D.C.) y que el emperador Septimio Severo trajo algunos ejemplares a Roma. Con la llegada de la Edad Media estos relatos más o menos basados en la realidad se difuminaron en favor de otros más mágicos. Se llegó a afirmar que los ojos de las leucrócotas eran gemas que otorgaban a quienes los poseyeran la capacidad de ver el futuro.

Crocuta crocuta

Crocuta crocuta

Bibliografia

  • Rosen, Brenda. The Mythical Creatures Bible: The Definitive Guide to Legendary Beings. Steling Publishing, 2009.
  • Westerberg, Chadwick. The Esoteric Codex: Medieval European Legendary Creatures. 2015.
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