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La gran evasión veraniega (IV): The Colditz story

Miércoles, agosto 19, 2015

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The Colditz story (Guy Hamilton, 1955)

El Castillo de Colditz en Alemania fue usado desde principios de la Guerra para detener a oficiales de los ejércitos aliados. Supuestamente inexpugnable, subido a unos riscos, el castillo albergaba una comunidad internacional de holandeses, británicos, franceses y polacos que tramaban continuamente planes de fuga. Muchos de ellos fueron exitosos, dejando pronto en entredicho la reputación del campo. Pese a ello, fugarse de Colditz quedó como ejemplo de proeza que ha sido revisitada por la cultura popular en múltiples formas, juegos de mesa (que yo nunca supe jugar), telefilms, series y una película de 1955 que es de la que nos ocuparemos ahora.

The Colditz story es otra de las pequeñas joyas británicas del subgénero, otro ejemplo del buen hacer y eficiencia de su director, Guy Hamilton, que durante los 60 dirigiria varías entregas de la saga Bond así como la segunda de la Trilogía de Harry Palmer, Funeral en Berlín. La trama se centra en los esfuerzos de los prisioneros por dejar de lado los intentos que cada comunidad nacional hace por su cuenta e intentar coordinarse en un plan de fuga con garantías. Los oficiales británicos están liderados por uno de los actores con más clase de su generación, el sin par Eric Portman, que presta su peculiar dicción para ejemplificar una vez más las virtudes marciales y honorables del ejército imperial. En el lado enemigo, el angular rostro de Anton Dirffing volverá a asomar como oficial nazi.

Es posible ver cierto subtexto de superioridad, muy común en la ficción británica de la época, en las relaciones de los oficiales británicos con sus homónimos franceses y polacos, que son dibujados con simpatía aunque con los estereotipos habituales, temperamentales y orgullosos unos, bajitos y risibles los otros. Hay también una subtrama relacionada con un traidor pero que es rápidamente despachada porque el pobre soplón tiene a la familia amenazada por los nazis.

Una representación de varietés (que resulta muy divertida además), un túnel vertical y unos falsos uniformes nazis llevarán el plan finalmente al éxito. Y pese a que uno sabe desde el principio que todo ira bien (si no para qué molestarse en hacer una película), Hamilton consigue sostener el interés en todo momento y hace que los personajes, que mantienen siempre el buen humor, resulten bastante majetes pese a ser muy arquetípicos.

The Colditz story fue un éxito de taquilla en su momento y no inmerecidamente: Es divertida y muy, muy entretenida.

La gran evasión veraniega (III): Traidor en el infierno

Martes, agosto 18, 2015

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Traidor en el infierno (Billy Wilder, 1953)

Llegamos a la primera aportación norteamericana al subgénero de fugas en la 2ª Guerra Mundial. Y qué aportación. Una obra maestra de Billy Wilder, basada a su vez en una obra teatral representada con gran éxito en Broadway y escrita por Donald BevanEdmund Trzcinski basándose en sus experiencias como prisioneros en el Stalag 17B. Es dificil decir algo original de una película como esta más alla de reiterar la admiración que hay que sentir por Wilder. Pocas películas de fugas tienen tanto humor negro, tantos momentos comicamente absurdos y unos personajes tan trabajados, como el ambiguo caradura interpretado por William Holden, o como la caterva de espléndidos secundarios, como el divertido y bromista guarda del barracón, el ejemplar capitan encarnado por Peter Graves antes de hacerse famoso con Misión Imposible, y la pareja “Animal” Kuzaway Harry “labios dulces” Shapiro que proporcionan alivio cómico, y que en un momento dado se disfrazan de mujer anunciando por supuesto a Con faldas y a lo loco. Y, cómo no, hay que destacar la fotografía en blanco y negro de Ernest Laslzo y sus claroscuros, focos en la noche.

Para el subgénero, Traidor en el infierno tiene además el interés de introducir uno de sus tropos más interesantes: el del traidor, el del infiltrado, que ya sea por defección o plantado alli por los nazis, informa a los captores de los planes de fuga, añadiendo así el interes de saber quién es amigo o enemigo. En este caso, no será el más evidente, claro está, y una vez descubierto quedará por saber cómo se desharán los prisioneros de él.

Es decir: Si no la han visto ya, están tardando.

La gran evasión veraniega (II): Albert R N

Martes, agosto 18, 2015

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Albert R N (Lewis Gilbert, 1953)

The wooden horse generaría un buen número de películas de temática similar a lo largo de toda la década de los 50, todas ellas con buena acogida comercial, en especial una de la que no hablaremos aquí por no narrar estrictamente un plan de fuga. Se trata de The camp on blood island (Val Guest, 1958) la aproximación de la Hammer al género de los prisioneros de guerra y que por sus notas más sádicas y sensacionalistas (presuntamente relataba las torturas reales en los campos de concentración japoneses) tuvo un enorme éxito y una secuela.

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Por el contrario, Albert R N es la más sencillita y simple de todas las película que aquí reseñaremos. Los buenos son muy buenos y los malos, malérrimos. De un lado estan de nuevo los oficiales británicos, en este caso de marina, liderados por Anthony Steel, que ya había aparecido con un papel destacable de oficial joven e impetuoso en The wooden horse. Con su mandíbula cuadrada, su pelazo rubio, y su magnífica percha, Steel era el actor ideal para representar las virtudes de un imperio británico idealizado y que se estaba yendo a pique por momentos. Como su oponente tenemos a Anton Diffring, un aleman que con sus facciones aristocráticas y perforadores ojos azules se hinchó a hacer papeles de alemán malvado (nazi o comunista) en el cine bélico y de espías de los 50 y 60.

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De nuevo la trama se basa en una fuga real, esta ocurrida en 1944 en el campo Marlag O al norte de Alemania. El plan se basaba en usar un muñeco tan conseguido que pudiera ser contado como un prisionero más por los captores. Aprovechando que las duchas estaban fuera del campo, uno de los internos se quedaba en ellas mientras sus compañeros montaban el maniquí. Al salir y ya con el grupo formado, el falso Albert, “un hombre sin rostor ni personalidad” podría pasar como una persona real durante horas o incluso días, dando así tiempo al fugado para escapar definitivamente.

Esta premisa sin embargo se agota pronto y nos quedamos con la indecisión del personaje de Anthony Steel, que durante más metraje del que nos gustaría se muestra remiso a huir porque dice que nada ni nadie le espera allá fuera. También hay un americano apodado “Texas”, un prisionero recién llegado, rebelde e impetuoso que se muestra como antagónico a las maneras de hacer británicas, siempre reglamentadas y obedientes. En su molde hay un apunte ya al oficial americano irreductible que Steve McQueen interpretaría años después en La gran evasión. Su destino dejará claro el juicio de valor que de él hace la película. Hay también un apunte muy breve a la diferencia de clases, el de un personaje feo y malencarado, un tabernero en Plymouth que no hace nada por ayudar a Texas porque piensa que este se ha acostado con su esposa. En defintiva, Albert R N es una curiosidad que se deja ver sin problemas pese a lo limitado de sus intenciones y de su desarrollo.

La gran evasión veraniega (I): The wooden horse

Lunes, agosto 17, 2015

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The wooden horse (Jack Lee, 1950)

Aunque ya se habían estrenado con anterioridad películas que abordaban la situación de los prisioneros de guerra durante el reciente conflicto mundial, The wooden horse tiene el honor de inaugurar el subgénero del cine de fugas. Como otras tantas que vendrán, su trama se basa en una historia verdadera, esta sucedida en el Stalag Luft III, donde también se desarollarían los hechos en los que se basaría la novela La gran evasión (1950) y por tanto su celebérrima adaptación cinematográfica. El caballo de madera del título es en realidad el potro de gimnasia que vemos en la imágen y que servía para ocultar la entrada del tunel que los prisioneros iban cavando pacientemente mientras los internos se ejercitaban con el potro en el patio del campo. En esos minutos el zapador escondido bajo el potro aprovechaba para excavar un poco mas y al terminar tapaba con arena la trampilla para no dejar huella.

Dejando de lado lo curioso del plan de fuga, The wooden horse es un film estimable por muchas razones pese a lo muy paupérrimo de su presupuesto, algo que se ve sobre todo en lo “caseros” uniformes que llevan los nazis. Esta rodado con un pulso envidiable. Mantiene la tensión en todo momento ante el posible descubrimiento del plan por parte de los captores nazis o por el posible derrumbe del tunel. Además introduce los elementos arquetípicos que iremos viendo en el cine de fugas británico. Por ejemplo, los comités de fugas que presididos por el oficial de mayor rango sancionan y aprueban los intentos. Pero sobre todo sirve de introducción a la actitud “stiff upper lip“. Es decir, todos son oficiales de impecables maneras, elegantes dentro de sus posibilidades, afectados en su hablar, con pipa y pañuelo al cuello y con un sentido del deber a prueba de bombas. Esa actitud arrogante, autosuficiente y presuntamente civilizada seía llevada a su máxima expresión por Sir Alec Guinnes en El puente sobre el Rio Kwai.

Y cuando crees que la premisa del caballo de madera no va a dar para más, la película te sorprende con un giro. Su segunda parte se desarrolla fuera del campo de concentración y narra las tribulaciones por tierras alemanas de los dos oficiales que se han escapado, buscando una manera de escapar, primero por tren y luego por barco, buscando contactar con marineros suecos en tugurios de mala muerte, alojados en hoteluchos donde todas las miradas son sospecha. La sensación de opresión, peligro y angustia es constante, redondeando así una pieza que aunque sin tener dobleces de ningun tipo y con un desarrollo de personajes más simple que otras que veremos, es un estupendísimo entretenimiento.

La gran evasión veraniega: Prólogo

Lunes, agosto 17, 2015

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Aprovechando que el verano invita a yacer tranquilamente y aprovechar el ocio, este su querido doctor, se ha propuesto alegrarles esta semana de agosto con un ciclo de cine de aquellos de los de antes. Asi que durante estos próximos séis días, a razón de dos por jornada, a las 11 de la mañana y las 7 de la tarde, iré refiriendo y reseñando películas de fugas y evasiones ambientadas en la II Guerra Mundial. Y en concreto en el periodo de 1950 a 1963 debido a cierto proyecto que tengo entre las manos. Túneles, torretas de vigilancia, alambradas, nazis malos malísimos y planes ingeniosísimos. Algunas de ellas conocidísimas, como La gran evasión, blockbuster de su época. Otras obras maestras del cine de autor, como Un condenado a muerte se ha escapado. Otras pequeñas joyas olvidadas como The wooden horse. Once serán las que tendrán cabida aquí desde hoy mismo, también retrasmitidas por Twitter y Tumblr.

¡Comenzamos!

Deja vu anuncio de lo que vendrá mañana

Domingo, agosto 16, 2015

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Obrero en huelga, asesinado (Manuel Álvarez Bravo, 1934).

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Un condamné à mort s’est échappé (Robert Bresson, 1956).

Muerte inmortal

Martes, junio 16, 2015

Me hace muy feliz que Prosa Inmortal, la revista literaria editada por Francisco Serrano y John Tones haya alcanzado su tercer número en tan buena salud y con tan buen aspecto. Y es que cada entrega ha ido superando a  la anterior en calidad y difusión. Este nuevo monográfico trata sobre un tema tan imperecedero como la muerte y en el que tienen cabida relatos de Guillermo Zapata, Miqui Otero y Carlos Pérez, además de los de sus inmortales editores. Confieso que tengo mucha curiosidad también por el relato de Julian “Canódromo” Genisson, por la incursión en la ficción de Jaime Rubio y que tengo muchas ganas de leer el ensayo que Dani Ausente se ha marcado para cerrar el volumen.

También podrán encontrar en este número mi modesta contribución. Una pequeña pieza titulada “Y la luz se hizo” que homenajea sin rubor, casi al borde del plagio demandable judicialmente, al relato de Isaac Asimov “La última pregunta” (1956). Qué muerte más suprema puede haber que la muerte del universo.

Pero no todo acaba ahí. Esta semana si andan por Madrid no se pierdan la sartenada de eventos que alrededor de la edición independiente van a tener lugar alrededor de la segunda edición de Hostia Un Libro (H.U.L.), el festival de microedición y guantazos que tendrá lugar este sábado 20 de Junio en el Campo de la Cebada. Organizado por los bellos y buenos Elisabeth Falomir, Alberto Haj-Saleh, Francisco Serrano y Pedro Toro, el festival regresa subido al once con una serie de presentaciones y fiestas que comenzan este mismo jueves noche en la Sala Juglar. Una panoplia de literatura, patinadoras dando hostias y fanzines preciosos que no se pueden perder. Aquí tienen el programa. ¡No se lo pierdan!

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