Dos experimentos con el baile
Lo que llamamos baile es, en realidad, una versión lentificada de lo que los seres humanos hacen cuando se interrelacionan.
E. T. Hall.
A propósito de Get lucky, ha surgido una serie de memes que mezclan imágenes clásicas del mítico programa musical Soul Train (1971-2006) con el fulgurante single de cabecera del nuevo disco de Daft Punk. La sincronía exacta entre los ritmos es notable y asombrosa, pero el ritmo en realidad no es mas que matemática aplicada, así que la sorpresa no es tanta en cuanto nos damos cuenta de que Get lucky es un tema rotundamente setentero. Por eso es aún mas maravilloso ese desfilar de cuerpos procedentes de otras épocas -pelos afro, pantalones hasta la cintura, combinaciones tonales imposibles- que se contorsionan y doblan al son de la música, disfrutando, dejándose ver, mostrándose en un esplendor refulgente y sin embargo lejano. Personas que ahora tendrán sus vidas mondas y lirondas, inmortalizadas en ese punto de inflexión, durante esas coreografías de felicidad pura congeladas en la eternidad momentánea y digital del Youtube, en esas piruetas de gozo animal y a la vez tan humano, porque el baile (y sus formas, y su ausencia) es un modo de relacionarse y por tanto es esencia pura de una sociedad y de una cultura.
Este experimento afortunado con el baile me ha recordado a While the band played, un video de Adam Curtis en el que el documentalista británico mezclaba imágenes de archivo -su sello de identidad- con el Hallogallo de os alemanes Neu! En una segunda pieza, cambiaba la banda sonora porque su propósito era comprobar hasta que punto la música crea estados de ánimo y altera nuestra percepción de las escenas en una especie de prueba de un Efecto Kuleshov sinéstesico, merced al cual, a falta de otras piezas, cerramos una narración apoyándonos en los sonidos. Pero en ese proceso, Curtis ilustra de nuevo el disfrute universal que produce el baile, un disfrute que recorre las civilizaciones y las eras, ya sea en una sala de baile, un plató de televisión, la intimidad del hogar o con un kalashnikov en la mano. Un disfrute que nos hermana con todos nuestros ancestros.
Momentos extáticos, ojos cerrados, arpegios de risas y luces, contoneos improvisados o ensayados, atracción absoluta generada por la fricción de los cuerpos en movimiento, torsos y piernas sincopados que inflaman el aire en una liberación individual o en comunidad capaz de afianzar roles o de romper por unos minutos las cadenas de la rutina, la disciplina y los deberes.
Vencer resistencias, dejarse ir. Ponte de pie. Yo quiero verte bailar.
Epilogo: La contrapartida española a estos experimentos cn el baile, aunque en sentido inverso es, por supuesto, esta.
La política como producto

Parece que mal que bien se está cerrando una década, la pasada, en la que la democracia se ha intentado exportar a golpe de bomba a los más variados parajes, un sinsentido que Mark Millar llevó al paroxismo superheroico en Avengers vs. New Ultimates (2011). La nueva era generada por la crisis ha traído levantamientos contra dictaduras en el mundo árabe, a menudo apoyadas por Occidente, que a su vez se está viendo inmerso en una crisis de legitimidad política insostenible. Demasiadas décadas de ficciones, mentiras y falta de visión desde el poder han resultado en el resquebrajamiento del sistema. La ficcion televisiva y cinematográfica por supuesto no se ve ajenas a estos movimientos. Esta es la idea que me podrán leer explorar en mi segunda colaboración (aqúi la primera) en la sección de opinión de Miradas de cine titulada La política como producto. Espero que les guste.
Resaca copera
Para desengañarse ¿hay primero que estar engañado?
Accidents Polipoètics
Normalmente desengañados, cínicos y desmoralizados, los seguidores del Atlético de Madrid parecemos condenados a que el equipo nos haga felices a nuestro pesar. Obligados a tener que aparcar el pesimismo y el victimismo, esos -ismos de los pobres de recursos que no de espíritu. Y es que a todos los románticos e idealistas se les podría llamar “colchoneros” porque, al fin y al cabo, quién no ha tenido romances e ideas yaciendo en un colchón. Resulta que en este frenesí suyo por hacernos felices a nosotros, sus hasta ahora desengañados y cabizbajos seguidores, el club rojiblanco ganó anoche la Copa Campechano I de Fútbol ante su eterno rival, el Real Madrid, y en su propio domicilio, rompiendo así una racha de 14 años de humillaciones y desgracias. Lo curioso es que el final de esos casi tres lustros de sequía, que debe de haber causado oprobio periódico a miles de escolares madrileños, ha coincidido con otros eventos, con otros sucesos políticos y financieros que parecen augurar tambien la liquidación de otros dominios que otrora parecían eternos y que sin embargo han entrado fase terminal. Y es que va a resultar que ese canto de los atléticos “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura del Real” contiene más de lo que parece.
Lo de los 14 años, repetido como mantra o como losa, esconde sin embargo una realidad futbolística más cruda, la de una hegemonía cimentada sobre un complejo de inferioridad rampante. La temporada 1995/96 fue la del célebre y mágico doblete, aquella en la que se dió la triple alineación cósmica de un Madrid en transición, un Barça con el cruyffismo en horas bajas y un Atlético pujante con Simeone detentando los galones en el mediocampo. Aquella temporada, la única en la que yo fui abonado, aquella en la que cada dos domingos iba al Calderón acompañado de Angel Luis, un muchacho atolondrado y vehemente que no tenía pudor en confesar en público que se comía las uñas de los pies. Angel Luis era uno de esos amigos temporales que a uno le gusta tener, o quizás solo a mí, de esos que no dejan de hablar, inofensivos y chistosos, ideales para ir al fútbol. Pero en el trascurso de aquellos nueve meses mágicos en los que nos frotábamos los ojos cada vez que mirábamos la tabla clasificatoria, y pese a haber concedido apenas un empate en casa, el Madrid nos ganó en nuestro feudo. Un Madrid ramplón y plano que sin embargo fue suficiente para producirnos un severo temblor de rodillas y empañar nuestro mejor año en décadas.
Yo era por entonces un recién llegado al futbolerismo. Durante años el balompié me había dado bastante igual. Quizá porque siempre he sido bastante malo hasta el punto de ostentar el record de haberme dado una patada a mi mismo en un partido. No tengo pudor en confesar que de niño (no-)jugaba al futbol de árbitro. Luego, con la adolescencia, fui simpatizando con lo rojiblanco porque era el equipo del barrio. Porque los aficionados afluían por sus calles los domingos de camino al estadio. Porque cuando volvían, las señoras de negro se asomaban por las ventanas de los primeros y les preguntaban, cómo hemos quedado, hijo, uno-cero señora, ay menos mal, ya era hora, para después regresar satisfechas a sus salas de estar y a su ganchillo. El barrio palpitaba con el atleti, sus magros triunfos, sus pupas y sus idas y venidas de entrenadores. En cambio el Real Madrid para mí lo representaban los tíos de mi madre que vivían allá en General Pardiñas, casa lujosa que visitaba en los cumpleaños de mis tres primas -Tang de naranja, mediasnoches de jamón York- y en la que me sentía como el niño de barrio rodeado de aquella familia de compromisarios madridistas vestidos de trajer porque eran de clase media-alta con aspiraciones. Aquella intuición mía sobre que ser del atleti era el camino a seguir la terminé confirmando en Sevilla, en plena expo del 92, delante de una pantalla enorme en la que se retransmitía una final de copa como la de ayer, contra el Madrid y en el Bernabeu, con Schuster y Futre haciendo de las suyas y un arbitro que intentó echar una mano a los blancos. Pero no fue suficiente. Allí en La Cartuja, sí, terminé haciéndome del atleti. De ahí, de nuevo, el desamparo y decepción que me trajo aquella derrota durante el año glorioso del doblete. Comprendí, más bien comprendo ahora, que las tornas habían cambiado.
Se ha recordado mucho la victoria del 99, esa última hasta la de ayer, pero no se ha mencionado que aquella, muy fiel a la personalidad del Atlético, ocurrió la misma temporada en la que bajamos a Segunda División. Fiel, digo, por fútil y romántica. Podríamos hablar de aquel equipo (un equipazo, de hecho) que consiguió autodestruirse en solo tres años. Pero quiero mirar por encima de esos hechos. Aquel 1999, podemos decir con seguridad, fue el primer año del ladrillazo en España. El gobierno Aznar había aprobado el año anterior la Ley del Suelo que daba plenos poderes a municipios y a “agentes urbanizadores” a trocar suelo rústico en urbano, es decir, el plomo en oro, y lo que hiciera falta. Esa temporada todo cambió en Madrid. Florentino Perez, millonario y promotor urbanístico a la sazón llega a la presidencia del “noble y bélico adalid”. Se abrieron las puertas del Ayuntamiento para él y sus proyectos, para él, que no en vano había sido concejal durante la época de UCD. Alvarez del Madroño le otorgó lo que había negado a sus sucesores: La recalificación de los terrenos de la Ciudad Deportiva. Millones de pesetas fluyeron a las arcas del club y así comienzó oficialmente la época galáctica. Mientras tanto el Atlético enfilaba su descenso al infierno. Noqueado y expoliado por los desmanes de la familia Gil el club es intervenido judicialmente. En un gesto que auguraría nuestro actual presente, el juez puso al mando a un gestor externo. Es decir, a un tecnócrata. El equipo bajó a Segunda y se mantuvo allí dos años, tras los cuales regresó renqueante a Primera para ocupar desde entonces la mitad de la tabla. Es decir, la nada.
Durante esa época de fulgor edificador, de capitalismo popular a la española, ocurre un golpe de estado incruento. Tras ocho años en elpoder, el PP pierde el gobierno de la Comunidad de Madrid en 2003. No del todo. No exactamente. Lo pierde solo un rato. Dos diputados regionales del PSOE no se presentan en la elección de Rafael Simancas como presidente impidiendo así que la coalición con IU prospere. Se habla de traiciones políticas y personales pero lo cierto, aunque no esclarecido ni investigado con profundidad por los jueces, es que una colección de promotores inmobiliarios compró a ambos diputados para evitar el relevo en el gobierno regional. Dos razones: IU iba a detentar la consejería de vivienda. Quién sabe lo que habría pasado entonces, pero no es descabellado creer que la burbuja se habría pinchado en la Comunidad (el caso de Seseña así lo sugiere). La segunda, Simancas había anunciado días antes del pleno de investidura que Miguel Blesa no seguiría al frente de Cajamadrid. Si, ese Blesa. He escuchado muchas veces, quizás demasiadas, que Madrid es casposo, conservador y carpetovetónico. Son adjetivos merecidos. Pero es preciso recordar que aquel golpe a la democracia se llevó por delante los ideales y las ilusiones de cambio de mucha gente a la vez que encoraginó a otros, que desde entonces gritan y enseñan pecho creyéndose invulnerables. Así fue como los ciudadanos madrileños se quedaron desengañados, cínicos y desmoralizados. Sí, exacto. Como cualquier aficionado del atleti.
Llegamos así a la primavera de 2009. Miguel Blesa lucha a muerte contra Esperanza Aguirre, que pensándose dotada de un poder omnímodo quiere la cabeza del banquero-sin-formación-financiera para poder reemplazarla por la de su delfín, Ignacio González, como presidente de la entidad del osito verde. Ese mismo año Florentino Perez ha regresado a la presidencia del Madrid. También creyendose todopoderoso, Pérez había dinamitado de arrogancia su presidencia en 2006. Pero la inestablidad institucional tras su marcha allana su vuelta. Es entonces cuando la Cajamadrid aún de Blesa y el Santander de Botín conceden un crédito de 150 millones de euros al Real Madrid para que el club afronte los fichajes muchimillonarios de Kaká y Cristiano Ronaldo. Mucho deberá escribirse sobre cuánto debe a Cajamadrid la expansión de la llamada élite empresarial española (Repsol, Telefónica), un ejemplo de esa colusión de intereses focalizada en el palco del Bernabeu, centro neurálgico de nuestro capitalismo cañí. Ese mismo palco, por cierto, que en la final de anoche presidía el abotargado y decrépito Campechano I.
Aquel crédito en condiciones muy ventajosas sería el canto del cisne de Miguel Blesa. Rajoy impuso una solución salomomica y para no dar razón a nadie o a todos, puso a Rodrigo Rato al frente de Cajamadrid. Los 150 millones sin embargo no trajeron demasiados rendimientos al club de la Castellana. La Segunda Venida de Florentino no sirvió para que el Real Madrid volviera a reinar en Europa, y se estrelló una y otra vez contra los colosos del continente, incluido el talento del mejor equipo del mundo, el Barça, que no obstante parece haber entrado en problemas. En el proceso Mourinho ha desquiciado al club y a sí mismo, haciéndose todo lo incomodo que pueda para forzar su salida. Vendrán más turbulencias. Mientras tanto en Madrid las encuestas auguran el fin de la hegemonía del PP, tanto en en el ayuntamiento como en la comunidad, con una IU capaz incluso del sorpasso sobre el PSOE. Los escándalos sucesorios (Aguirre finalmente pudo colocar a Gónzalez en algo), la crisis, los recortes, las privatizaciones, la mala gestión… hay razones de sobra.
Tras años de cerco judicial, Blesa entra en la cárcel. El atleti gana la copa.
La dictadura se acaba.
Déjà vu
Intelectuales borrachos
Rebuscando entre mis mails antiguos, descubro las primeras referencias a cierto clan de autodenominados intelectuales con disposicion a la dipsomanía allá por el lejano 2008. Aquellos mensajes contenían confusas frases, sin duda fruto del exceso de alcohol, entre las que destacaban por su pomposidad y ridiculez cosas como “queremos recuperar un viejo y olvidado concepto: gente de pensamiento interesante e innovador que se junta para conversar” o “se trata de redefinir el concepto de intelectualidad, necesaria pero malversada en la actualidad.” Como pueden ver un manifiesto delirante y absurdo el proferido por ese grupo de impresentables que ocultaba sus ínfulas de grandeza escudándose en crear una serie de tertulias supuestamente eruditas a la par que amistosas.
Cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que años después esta caterva de pesonajes ha llevado finalmente sus planes a cabo, y se ha estado reuniendose en La Central de Callao desde principios de Marzo, con la excusa de analizar la “literatúra de género” y merced de la coordinación de una señorita llamada Mireia Perez. Y no solo eso. Me he quedado de piedra al comprobar que este próximo viernes 5 de Abril, a partir de las 20:30h, ese ciclo de abominables charlas se cerrará con una diatriba sobre la literatura de ciencia ficción, a cargo de Alberto Haj-Saleh, editor de una colección de libros que deberían ser prohibidos llamada Memento Mori, un tal Fran Serrano, autor de una novela de planetas y similares estupideces llamada Perros del desierto, y ¡yo mismo! La verdad es que no sé cómo he podido ser embaucado para participar en algo así, por lo que pido perdón y prometo que no volverá a suceder no sin antes decirles que me gustaría mucho verles a todos ustedes allí.
Qué dislate.
Déjà vu
Platillos volantes

He buscado demente la supuesta historia del sosías del Archiduque Francisco Fernando, ese hombre de extremo parecido que encontró al parar una noche en una fonda, idéntico, nacido el mismo día que él, casado con una mujer, posadera, llamada como su esposa, Margarita, la archiduquesa. La historia de cómo pocos días de aquel encuentro, el posadero Francisco Fernando murió golpeado por un caballo y de comó apenas unos días más tardes su doble el Archiduque murió tiroteado en Sarajevo dando así paso a la Primera Guerra Mundial. He buscado esa historia que recuerdo haber leído hace años. Y no la he encontrado porque es más que probable que no sea cierta. No porque fuera falsa sino porque es posible que yo me la inventara.
Pero el cuento del doble del Archiduque vuelve a mí porque me he cruzado con un reflejo, el de dos vidas que parecen transcurrir similares, al menos en puntos claves.
En Enero de 1950 un artículo titulado “Los platillos volantes son reales” aparecía en la popular revista True. Su éxito y la conmoción que causó fueron tales que fue reimpreso en periodicos de todos Estados Unidos. La causa de tal sacudida social fue que el autor de tan sensacional pieza era un Mayor del Ejército del Aire llamado Donald E Keyhoe. Ni más ni menos. El mayor relataba que a pesar de haber iniciado su investigación sobre los OVNIs desde el extremo más escéptico, sus entrevistas con pilotos de la fuerza aérea y otros testigos le habían llevado a la ineluctable conclusión de que aquellos objetos eran artefactos de fabricación extraterrestre, que desde la explosión de las bombas atomicas en 1945, habían intensificado la vigilancia de la raza humana que llevaban practicando desde hacía ya doscientos años. Los extraterrestres existen, decía Keyhoe, y están aqui para estudiarnos. La repercusión de sus afirmaciones fue tal que sus libros The Flying Saucers Are Real (1950) y Flying saucers from outer space (1953) se convirtieron en auténticos betsellers. Este último fue fuente de libre inspiración de la película Earth vs the flying saucers (Fred F Sears, 1958), de cuyos efectos especiales se encargó el mismísimo Ray Harryhausen, y que es el origen de mucha de nuestra imaginería sobre invasiones alienígenas montados en discos volantes.
Pero ¿quién era ese Mayor que se atrevía a afirmar que el ejército norteamericano ocultaba a sus propios ciudadanos las visitas de ingenios aliengígenas? Keyhoe había sido piloto durante los años 20 y había ayudado al pionero Charles Lindbergh en uno de sus tours por Estados Unidos. Durante la II Guerra Mundial había servido en la aviación naval. Pero también, a raiz de su convalecencia tras un accidente de avión, Keyhoe se había dedicado a escribir relatos de ficción en revistas pulp, un dato que no se le escapó a ninguno de sus biógrafos. No solo historias de superhéroes y proezas aéreas sino también sobre malvados supervillanos orientales a lo Fu-Manchú y sobre misterios en el espacio y en el tiempo, llegando incluso a publicar varias de sus piezas en uno de los tótem del genero: Weird Tales. Quien sabe si su carrera como escritor de no ficción hablando sobre visitantes del espacio exterior no fue más que un reinventarse, una readaptación a nuevos gustos y nuevos tiempos.
Miremos ahora al reflejo de Keyhoe, a su reflejo español. El General Alfredo Kindelán (1879-1962), pionero de la aviación en España, primer español en pilotar un dirigible y prácticamente padre fundador del Ejército del Aire. Durante la Guerra de Marruecos, o “guerras” mejor dicho, Kindelán dirigió los primeros escuadrones aéreos españoles en entrar jamás en combate. Fue entonces cuando el ya general entro a formar parte el en primer servicio secreto español, el llamado Círculo 30, que desarrolló sus actividades principalmente en África, y del que formaba parte también Margarita Ruiz de Lihory, feminista, espía y amante de Miguel Primo de Rivera, como lo fue más tarde del cabecilla rebelde Abd-el-Krim, para quien fue agente, en realidad doble.

Monárquico de pro, el condecorado Kindelán fue Jefe del Aire del Ejército Nacional durante la Guerra Civil. Pero pronto su fuerte personalidad le llevo a un enfrentamiento abierto con Franco. Como parte del complot monárquico contra El Caudillo, el general cayó en desgracia a finales de los años 40. Y es ahí, desde su paso a la reserva, que Kindelán comienza a escribir de manera regular en el ABC de Sevilla. Y en fecha tan temprana como el 3 de Diciembre de 1952, en un artículo titulado “Las preocupaciones extranjeras y las nacionales”, el teniente general glosa varios casos de apariciones de platillos volantes e incluso menciona los intentos de los teólogos jesuitas por compatibilizar el cristianismo con la existencia de seres de otros mundos, que por no tener orígen humano habrían de estar libres del Pecado Original. Al contrario que Keyhoe, Kindelán no atribuía los avistamientos de estos objetos a civilizaciones extraterrestres sino que se inclinaba por la tesis de que su orígen era el desarrollo por parte de las potencias extranjeras de “armas secretas teleridigidas”. Y así lo hizo constar en su siguiente bombazo, que llegaría un par de años más tardes, en la edición del 2 de Diciembre que se abría con este artículo de bellísimo título a tres columnas titulado “Platillos volantes“
Epílogo
Parece que una decada más tarde, los extraterrestres dejaron de tan solo verse en los cielos y descendieron de sus aparatos para hacerse carne entre nosotros, como también anunciaba el párroco sevillano, Enrique Lopez Guerrero, en otro sensacional reportaje.















