Todos sabemos lo complicadas que son las emociones. Para empezar, la definición de emoción es sumamente compleja en si misma: ¿Sentimos un cosquilleo en el estomago porque estamos nerviosos o sabemos que estamos nerviosos porque sentimos ese cosquilleo? Pero incluso si dejamos de lado este peliagudo problema, nos enfrentamos a la dificultad de las transiciones entre emociones, de los estados que se perpetúan, que nos encarcelan, de los que no podemos escapar aunque sepamos racionalmente que no debería ser así. Por no hablar de las neurosis y bipolaridades que llevan a muchos desde la ciclotimia al entusiasmo y vuelta a empezar.
Este, su querido doctor, siempre interesado en arrojar luz sobre estas cuestiones y encantado de hablar de si mismo en tercera persona como pueden comprobar, ha trabajado duro para ofrecerles una cartografía emocional que ustedes puedan utilizar para guiarse con confianza y seguridad por el proceloso mundo de los estados alterados de ánimo. Para ello utilizaré las respuestas que muchos de ustedes gentilmente dieron a la encueszita abierta durante los últimos siete días. Pero primero revisemos la teoría que les propongo y que, como los más antiguos del lugar reconocerán, utiliza similares rudimentos técnicos a los de esta antigua entrada del gabinete.
Definamos primero como Metaemoción a la emoción que sentimos al respecto de sentirnos de una determinada manera. Podemos formalizar una metaemoción como una función que asigna a cada estado emocional una emoción al respecto, del mismo modo por ejemplo en que la función f(x) = x2 asigna a cualquier número real su cuadrado. Denotemos esta función como E(.). De modo que si ustedes se sienten alegres por estar tristes, como confesaba Tones que le sucede, entonces,
E(Tristeza) = Alegría.
Una vez definida la funcion E(.) podemos buscar sus puntos fijos, es decir, aquellas emociones que son estables y que en cierto modo constituyen un equilibrio. Decimos que una emoción x es estable si es igual a su metaemoción, o en términos formales, si sucede que
E(x) = x,
o en otras palabras, si nos sentimos x por sentirnos x. Continuando el razonamiento, si x es una emoción estable eso quiere decir que,
E(E(x)) = E(x) = x,
o en otras palabras, que al sentirse x por sentirse x también se sienten x debido a que se sienten x por sentirse x.
¿Qué emociones son estables? Acudamos a las respuestas de ustedes, mis queridos lectores. Según ellas la mayoría de ustedes se sienten alegres por sentirse alegres (44%), tristes por sentirse tristes (56%) y nerviosos por sentirse nerviosos (56%). Esas serían pues sus tres emociones estables. Recuerden que por tanto éstas serán recurrentes y tenderán a perpetuarse. Por ejemplo:
E(E(Nerviosismo)) = E(Nerviosismo) = Nerviosismo.
Es decir, que se sienten nerviosos por sentirse nerviosos y además se sienten nerviosos por sentirse nerviosos por sentirse nerviosos.
Más interesantes quizá son las emociones no estables pues permiten la transición entre estados y hasta la ocurrencia de ciclos. La mayoría de ustedes se sienten nerviosos por estar enfadados (40%) y se sienten alegres por sentirse tranquilos (57%). Dadas las respuestas anteriores esto significaría que
E(Enfado) = Nerviosismo,
y por tanto
E(E(Enfado)) = E(Nerviosismo) = Nerviosismo,
y también que,
E(Tranquilidad) = Alegría,
lo que implica
(E(E(Tranquilidad) = E(Alegría) = Alegría.
Esto significa por ejemplo que si ustedes comienzan estando tranquilos y son conscientes de la función E(.) entonces acabarán estando alegres pues la alegría es un estado absorbente, una emoción estable.
Para una mayor comprensión de todo este armazón teórico-práctico encontrarán a continuación una representación gráfica del mapa de la función E(.) construido con sus respuestas más frecuentes. ¡Pero ustedes mismos pueden construir el suyo!
Y ahora, después de escribir este post, me voy a tranquilizar un poquito. Porque la tranquilidad es el camino a la alegría, ya saben.