Cráneos previlegiados (IV)

•Miércoles, Julio 1, 2009 • 7 comentarios

R me pasa un video de 1990 en el que cierto futuro gobernador de California glosa las virtudes del libremercado, la librempresa, habla sobre drogas y comunismo y pide que todos le queramos porque es un liberal. Una joya a la que he añadido subtítulos en castellano para que todos ustedes puedan disfrutarla. Para verla, solo han de pinchar en la imagen.

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(Nuestra anterior lumbrera invitada fue esta).

Extraña cordura

•Sábado, Junio 20, 2009 • 3 comentarios

El gabinete anda cogiendo polvo estos días por diversas razones. Visitas ajenas, visitas propias y una hermosa esperanza que ha germinado violenta y pelirroja. Sé que ustedes me comprenderán. Pero el caso es que durante estos últimos días en los que he me he perdido por la península y sus tórridas  noches, ha aparecido publicada la entrevista que le hice a Alberto González, profeta adorado con fervor en esta casa, para la buena y amiga gente de La Palanca de Cambio. En sus respuestas, Alberto vuelve a hacer gala de su acostumbrada y desarmante honestidad y el resultado es, pese a lo básico de mis preguntas, espléndido. Pueden disfrutarla aquí mientras yo apuro mis últimos días en Gallardongrado y antes de que servidor regrese a la normalidad para enterrarla definitivamente.

Déjà vu (II)

•Martes, Junio 9, 2009 • Dejar un comentario

plf3Pierrot Le Fou (Jean-Luc Godard, 1965).

cycloCyclo (Anh Hung Tran, 1995).

Los Fríos bajo el terror de Godzilla

•Martes, Junio 2, 2009 • 4 comentarios

Tras dos años sin saber nada de él, yo había bajado la guardia. Descontada la amenaza, olvidado el peligro, creí que la criatura había desistido, que se había abandonado al sueño quizá en el fondo del océano o en alguna cavidad subterránea, cansado de la desidia de los hombres y de sus preocupaciones vanas. Pero ha ocurrido lo impensable. Ayer, a la hora de comer mismo, Godzilla se materializó en los Fríos Exteriores. Fue horrible. Apareció de la nada, se dio un paseo por el centro de la ciudad, quién sabe si buscándome, arrasándolo todo, no dejando intacta piedra sobre piedra. A continuación encontraran las imágenes que pude captar de él, sobrecogido, desde mi helicóptero Observen su ferocidad, su crueldad incalculable, la desesperación de ese gesto suyo final mordiendo un edificio. Ahora sé que no tardará en encontrarme. Sentir una sacudida. Abrir una ventana. No importa donde vaya. Vendrá detrás mía. Los siguientes serán ustedes.

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Mis amigos de la tele

•Viernes, Mayo 29, 2009 • 2 comentarios

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Hace algo más de un año las Fuerzas de la Paz y el Orden descubrieron mi paradero y hube de reubicar el Cubil Zito en un nuevo lugar cuya anterior dueña, ya fallecida, poseía ni más ni menos que tres televisores. Uno en el salón, otro en la cocina y un último en la habitación. Aparte de un periquito desplumado que me legó, supongo que esas tres pantallas eran su remedio contra la soledad, su más absorbente ocupación y que tal ubicuidad era un reflejo de la importancia de la televisión en su vida. Pero más allá del runrún y la compañía, las emisiones salidas del tubo catódico, del plasma más bien en estos tiempos, forman parte intima de lo que somos. Ya no solo porque la ficción nos ayude a entender mejor nuestra realidad, un tema apasionante del que ya hemos hablado alguna vez (la de lecciones vitales que he extraído, para bien o para mal, de las primeras temporadas de Nip/Tuck), sino porque esa misma ficción representa para nosotros una cotidianeidad paralela.

Me explico. Si preguntan a alguna fan (y uso el femenino como provocación deliberada) de Sexo en Nueva York sobre qué les atrae tanto de la serie verán que la respuesta suele orbitar alrededor de la idea de que cada capitulo supone una especie de reunión de amigas, una ocasión para el petardeo cómplice, una sensación que se solidificó con el “reencuentro” en toda regla que supuso la reciente película. Y es que sentimos a los personajes televisivos como si fueran nuestros compañeros, amigos o familiares. Nos preocupamos por ellos y compartimos sus preocupaciones como si estuvieran próximos a nosotros, como si estuvieran hechos de vísceras y huesos. Y lo más interesante es que esa impresión de familiaridad y comunión tiene un fundamento evolutivo.

La psicología evolutiva sostiene que el cerebro humano y nuestros mecanismos psicológicos están adaptados al denominado Entorno de Adaptación Evolutiva (EAE), es decir, a las condiciones en las que evolucionamos como especie, lo que en pocas palabras viene a representar el África de hace unos pocos millones de años. Aunque nuestro entorno social haya cambiado drásticamente y a un ritmo acelerado, nuestro cerebrito de homo sapiens aun tiende a concebir y conceptualizar el ancho mundo globalizado de hoy como una sabana, con sus animalitos, su caza y su recolecta, sus grupos sociales cerrados y rígidos y sus relaciones cercanas, comunitarias y tribales. Por tanto, nuestra mente tiene problemas en entender y procesar estímulos que no se correspondan a los habituales en el EAE. Como por ejemplo, la televisión.

Por eso, cuando vemos a personitas aparecer en la pantalla del televisor, nuestro cerebro tiende a creer que son reales, porque en el EAE, en el África prehistórica, toda imagen realista que veíamos de alguien solía corresponder a un familiar o un amigo. Si continuamos con el razonamiento, habremos de concluir que las personas que ven más televisión deberían creer asimismo que tienen más amigos. Y así parece demostrarlo la evidencia (Bowling with our imaginary friends, Evolution and Human Behavior, 2002). Quienes pasan más horas delante del televisor reportan un nivel más alto de satisfacción con sus amistades de igual modo a como lo hacen quienes tienen un mayor numero de amigos y socializaran más con ellos. Pero aún hay más. No todos los programas tienen el mismo efecto fraternal sobre los dos sexos. Las mujeres que ven más dramas y sitcoms están más satisfechas con sus amistades, pero el efecto de programas de noticias o de servicio público sobre ellas es nulo. Lo contrario ocurre con los hombres, cuya satisfacción no aumenta al ver programas como… ¡Sexo en Nueva York! (como ven la provocación no era gratuita), pero si con los del segundo tipo.  La razón es también evolutiva. Es bien sabido que las mujeres tienden a tener más amistades en su círculo familiar mientras que las amistades de los hombres suelen constituirse con mayor frecuencia de compañeros de trabajo. Las series y telecomedias tienden a mostrar más relaciones familiares y afectivas y por tanto las mujeres sienten a sus protagonistas como más reales, mientras que para los hombres eso ocurre con programas que muestran a gente en su entorno de trabajo.

Satoshi Kanazawa, el autor de este estudio, llegaría más tarde a demostrar que el efecto de ver televisión sobre la satisfacción con las amistades tampoco es homogéneo según el nivel de inteligencia. Pero hablarles de eso sería tal vez una provocación innecesaria, porque los trabajos de Kanazawa suelen ser muy polémicos y criticados en su metodología. Así que he preferido consultar a varios de mis mejores amigos y ver qué opinan al respecto: Al Sr Spock la idea le ha parecido fascinante. Número 6 cree que no es más que otra manera de clasificar y controlar a la gente.  Pero la reacción más desconcertante ha sido la del Agente Cooper, quien me ha respondido “te juro que Ellos son reales”.

Déjà vu (I)

•Miércoles, Mayo 27, 2009 • 1 comentario

Silent Running-00014Silent Running (Douglas Trumbull, 1972).

fountain2The Fountain (Darren Aronofsky, 2006).

Coming soon

•Lunes, Mayo 25, 2009 • 2 comentarios

La isla de Morel

•Miércoles, Mayo 20, 2009 • 2 comentarios

Disculpen mi silencio. Me encuentro estos dias en un congreso sobre Imperialismo Institucionalista en una isla perdida en el Mediterraneo. Brilla un solo sol pero calienta tanto que parecen ser dos. Los habitaculos y sus proyectores, con los computadores y pupitres donde vamos desarrollando nuestros deberes resultan ridiculos en comparacion con el mar transparente y las serpientes enormes que, dicen, habitan entre la vegetacion seca y hostil que aqui llaman maqui. Un aparente sinsentido, hasta que uno comprende la genialidad del Premio Nobel que en los 50 construyo todo esto. Pero no me hagan mucho caso. Puede que todas estas impresiones sean un efecto de la insolacion, que mi piel ya comienza a irradiar, o de la mala comida.  Mientras lo aclaro, les dejo con este video que el bueno de raspa nos ofrecio hace poco en El Focoforo: un test footage, una prueba de color muda, en la que gentes en Eastmancolor repiten gestos, sonrisas, poses y las sostienen, las repiten, como los hologramas de Morel, como los habitantes de esa isla suya en los que todos nosotros nos convertiremos antes o despues. Yo ya estoy alli, en la playa. Les espero.

El amor perdido de M

•Jueves, Mayo 14, 2009 • 7 comentarios

Gracias a Javo y a Lector Constante he comenzado a explorar la primera segunda etapa de The Cure, la de la trilogía formada por los conceptuales Seventeen Seconds (1980), Faith (1981) y Pornography (1982), desconocida para mi hasta ahora y despojada de los recuerdos, aún dañinos y radiantes, que tengo asociados a su época posterior, más conocida y difundida supongo. Ambientes opresivos e invernales, que entre vapores etílicos confundí aquella noche con los que construían Bauhaus; zonas umbrías, en principio poco apropiadas para esta primavera refulgente, porque uno es de los que inevitablemente asocian música y climatología. Y resulta curioso comprobar que esos The Cure ignotos y remotos en realidad siempre estuvieron ahí, de uno u otro modo. Por ejemplo. La ominosa The Holy Hour servía de sintonía en La Bola de Cristal para la sección de El Librovisor que se llamaba Tengo Miedo.

Pero más sorprendente aún resultó descubrir que ya conocía, aunque indirectamente, la historia de celos que Robert Smith narraba en M a propósito de la que sería su futura mujer.

The CureM.

Porque años después, o años antes, según se mire, los franceses Rinôçérôse despojaron a M de toda arista hasta desactivarla por completo, convirtiéndola en un himno más de su Music Kills Me (2002), hito de la música bailable, hedonista y desprejuiciadamente banal, mediante la repetición incansable del estribillo original (“You’ll fall in love with somebody else tonight”), de un modo no muy diferente al que usaba Warhol en sus reproducciones de sillas eléctricas ad infinitu,. Rebautizada como Lost love, esta sí que sí, es apropiadísima para días de sol, feromonas y rosas.

Rinôçérôse Lost Love.


Metaemociones

•Lunes, Mayo 11, 2009 • 10 comentarios

Todos sabemos lo complicadas que son las emociones. Para empezar, la definición de emoción es sumamente compleja en si misma: ¿Sentimos un cosquilleo en el estomago porque estamos nerviosos o sabemos que estamos nerviosos porque sentimos ese cosquilleo? Pero incluso si dejamos de lado este peliagudo problema, nos enfrentamos a la dificultad de las transiciones entre emociones, de los estados que se perpetúan, que nos encarcelan, de los que no podemos escapar aunque sepamos racionalmente que no debería ser así. Por no hablar de las neurosis y bipolaridades que llevan a muchos desde la ciclotimia al entusiasmo y vuelta a empezar.

Este, su querido doctor, siempre interesado en arrojar luz sobre estas cuestiones y encantado de hablar de si mismo en tercera persona como pueden comprobar, ha trabajado duro para ofrecerles una cartografía emocional que ustedes puedan utilizar para guiarse con confianza y seguridad por el proceloso mundo de los estados alterados de ánimo. Para ello utilizaré las respuestas que muchos de ustedes gentilmente dieron a la encueszita abierta durante los últimos siete días. Pero primero revisemos la teoría que les propongo y que, como los más antiguos del lugar reconocerán, utiliza similares rudimentos técnicos a los de esta antigua entrada del gabinete.

Definamos primero como Metaemoción a la emoción que sentimos al respecto de sentirnos de una determinada manera. Podemos formalizar una metaemoción como una función que asigna a cada estado emocional una emoción al respecto, del mismo modo por ejemplo en que la función f(x) = x2 asigna a cualquier número real su cuadrado. Denotemos esta función como E(.). De modo que si ustedes se sienten alegres por estar tristes, como confesaba Tones que le sucede, entonces,

E(Tristeza) = Alegría.

Una vez definida la funcion E(.) podemos buscar sus puntos fijos, es decir, aquellas emociones que son estables y que en cierto modo constituyen un equilibrio. Decimos que una emoción x es estable si es igual a su metaemoción, o en términos formales, si sucede que

E(x) = x,

o en otras palabras, si nos sentimos x por sentirnos x. Continuando el razonamiento, si x es una emoción estable eso quiere decir que,

E(E(x)) = E(x) = x,

o en otras palabras, que al sentirse x por sentirse x también se sienten x debido a que se sienten x por sentirse x.

¿Qué emociones son estables? Acudamos a las respuestas de ustedes, mis queridos lectores. Según ellas la mayoría de ustedes se sienten alegres por sentirse alegres (44%), tristes por sentirse tristes (56%) y nerviosos por sentirse nerviosos (56%). Esas serían pues sus tres emociones estables. Recuerden que por tanto éstas serán recurrentes y tenderán a perpetuarse. Por ejemplo:

E(E(Nerviosismo)) = E(Nerviosismo) = Nerviosismo.

Es decir, que se sienten nerviosos por sentirse nerviosos y además se sienten nerviosos por sentirse nerviosos por sentirse nerviosos.

Más interesantes quizá son las emociones no estables pues permiten la transición entre estados y hasta la ocurrencia de ciclos. La mayoría de ustedes se sienten nerviosos por estar enfadados (40%) y se sienten alegres por sentirse tranquilos (57%). Dadas las respuestas anteriores esto significaría que

E(Enfado) = Nerviosismo,

y por tanto

E(E(Enfado)) = E(Nerviosismo) = Nerviosismo,

y también que,

E(Tranquilidad) = Alegría,

lo que implica

(E(E(Tranquilidad) = E(Alegría) = Alegría.

Esto significa por ejemplo que si ustedes comienzan estando tranquilos y son conscientes de la función E(.) entonces acabarán estando alegres pues la alegría es un estado absorbente, una emoción estable.

Para una mayor comprensión de todo este armazón teórico-práctico encontrarán a continuación una representación gráfica del mapa de la función E(.) construido con sus respuestas más frecuentes. ¡Pero ustedes mismos pueden construir el suyo!

chartY ahora, después de escribir este post, me voy a tranquilizar un poquito. Porque la tranquilidad es el camino a la alegría, ya saben.

Epidemias virtuales

•Viernes, Mayo 8, 2009 • 7 comentarios

09plagueLa Plaga de Ashdod, Nicolas Poussin, 1631.

Durante estos días en los que hemos vivido inmersos en un apocalipsis de temporada, el causado por la gripe porcina, gripe A o cepa H15N1, muchos han venido recordando varios brotes pandémicos devastadores que en el mundo han sido, como la Peste negra, la Gripe española, el SRSA o la moda de la coleta masculina. Pero nadie ha mencionado otro estallido muy distinto y quizás mucho más revelador que consiguió devastar por completo un mundo virtual.

En Septiembre de 2005, los desarrolladores de World of Warcraft (WoW) incluyeron en su actualización una nueva zona llamada Zul’Gurub protegida por Hakkar, una gigantesca serpiente alada de tal poder que solo podía ser derrotada por varios jugadores en coalición. Entre los poderes de Hakkar se encontraba el de inocular a sus enemigos una infección llamada Corrupted blood, que les hacia sostener cierto daño durante un periodo de tiempo y que podía transmitirse de personaje a personaje. Diseñada como un reto dirigido en exclusiva a los jugadores más fuertes, la enfermedad resultaba mortal para el resto. Pero los responsables de WoW no tuvieron en cuenta todas las posibles consecuencias de introducir un elemento así en el juego. El resultado fue el desencadenamiento de una plaga de bíblicas proporciones y fascinantes similitudes a las que acontecen en el mundo real.

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Dotados de la capacidad de teletransportarse, los jugadores que visitaron Zul’Gurub y adquirieron la enfermedad la llevaron después a regiones densamente pobladas, infectando así a decenas de otros personajes, en progresión geométrica, de un modo similar a cómo actúa el transporte aéreo en el mundo real en estos casos. La infección también afectó a los personajes no-jugables, es decir, aquellos que no pertenecían a ningún jugador. Pero lo hizo de forma asintomática (sin mostrar la aureola intermitente y sangrienta que indicaba que un personaje estaba infectado), lo que contribuyó a extender la enfermedad más rápidamente y de manera silenciosa. Pero el factor más decisivo resultaron ser las mascotas de los jugadores pues también eran susceptibles de ser contagiadas. Dado que WoW penaliza severamente a quienes matan a sus mascotas, éstas eran abandonadas en cuanto caían infectadas. Errantes por el mundo, se convirtieron así en un nuevo vector de la epidemia de un modo parecido a como las ratas, las aves o los cerdos han actuado durante la Historia.

La pandemia se cobró miles de vidas virtuales Las antes bullentes ciudades del WoW quedaron desiertas, cubiertas por los cadáveres y esqueletos de los pobres infortunados que contrajeron la enfermedad. Más apasionantes todavía fueron los comportamientos que generó la plaga. Algunos jugadores sanos visitaron las zonas afectadas sólo por curiosidad, para poder contemplar con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo, y eso contribuyó a extender aún más la pandemia. Otros emigraron a regiones boscosas o montañosas, que se sabían libres de la infección, unos para librarse de ella, otros para morir sin contagiar a nadie.  Mientras que algunos jugadores se ofrecieron voluntarios durante las primeras horas del estallido para ayudar a los infectados con sus poderes sanadores, otros se lanzaron contra grupos de personajes sanos para transmitirles la enfermedad. Esto último llevó a que muchos asesinaran sin mediar palabra a todo jugador infectado que se acercara a ellos.

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El incidente enseguida llamo la atención de epidemiólogos y científicos del comportamiento. Los modelos matemáticos que se emplean habitualmente para simular el alcance de las epidemias se basan en variables como su periodo de incubación, proporciones de población sana e infectada, contacto de estas poblaciones, posibilidad de transporte, etc. Pero son muy toscos a la hora de modelar el comportamiento humano. No suelen tener en cuenta cómo éste afecta a la extensión de la plaga y aún menos como las plagas lo afectan a su vez. Dado que un experimento semejante en la vida real no es factible (aunque existan teorías sobre el uso de población reclusa para ello o sobre el auténtico origen del SIDA, ideas que John Le Carré cristalizaría en su novela de 2001 El Jardinero Fiel), una epidemia virtual resulta la mejor manera de estudiar la doble relación entre epidemia y comportamiento. De hecho, el incidente terminaría generando artículos académicos en revistas tan prestigiosas como Epidemiology, The Lancet Infectious Diseases o Science.

Finalmente, Blizzard Entertainment, la compañía responsable del WoW, ante las protestas de miles de jugadores indignados por la muerte de sus queridos avatares, detuvo el juego, reseteó todos sus servidores y reinició el mundo de Warcraft. Una solución que tal vez deberíamos considerar para el nuestro.